Una pequeña historia
Alguien siguió en pie, alzando una bandera. Una bandera que ahora no significa nada. Una bandera que en su día fue gloriosa; unía a todos los pueblos, no entendía de razas ni estados, tan sólo de fraternidad y alegría. Sin embargo un día, alguien la hizo trizas.
¿Por qué?
Se hizo el silencio, todo el mundo calló. Los que en otra hora entonaban cánticos de alegría, ahora yacían en el campo; el resto, callado contemplaba el macabro escenario.
Llegó con su dorado caballo, inundó de odio la tierra, sembró codicia y envidia...Y todo el mundo, calló.
Nadie en pie pronunció palabra alguna, quien lo hizo, fue acallado por la espada. Así, el campo se cubrió de sangre.
En el silencio de la intimidad los corazones temblaban de rabia pero el miedo podía con ellos. Sumidos en la oscuridad esperaban. Algunos sucumbieron, pero otros...Otros soñaban con venganza.
La venganza se tradujo en palabras, palabras que ansiaban ser proclamadas y en la clandestinidad del papel, aguardaban.
El del dorado caballo vigilaba día y noche, pero un día mientras se vanagloriaba de su victoria, dos hombres se reunieron y hablaron. Ese momento supuso una gran victoria, a partir de ese día los hombres comenzaron a escribir lo que sus bocas no podían decir. Comenzaron a aparecer palabras sobre papeles cosidos, los hombres leyeron las mentes de sus congéneres y entonces se dieron cuenta de que había esperanza.
La tinta corría como la pólvora, los hombres se contagiaron de valentía sin que el hombre sobre el caballo dorado pudiera hacer nada contra ellos, podía seguir blandiendo su espada pero nunca podría acabar con el poder del pensamiento libre. De unos a otros se extendió la idea de un cambio, el deseo de volver a ser libres era tan fuerte que el sentimiento se convirtió en global y a lomos de su caballo dorado tuvo que huir a otras tierras, por desgracia fértiles.
Desde entonces, el mundo se divide en dos, el de los míseros que se nutren del miedo y sólo pueden sobrevivir a base de someter a otros a sus oscuros propósitos y el de aquellos valientes que piensan por sí mismos, cuya identidad no entiende de miedos, que no se callan, que no vacilan y que al final se alzan con su bandera defendiendo su propia libertad.
Y siguió en pie, alzando su bandera.
L.